Prevención de accidentes en asilos de ancianos: caídas.

Los adultos mayores son uno de los grupos de mayor riesgo de accidentes, y debido a que estos se encuentran entre las primeras diez causas de muerte en la población de personas mayores a 60 años, resulta fundamental implementar estrategias de prevención en el hogar, asilos de ancianos y en espacios que utilizan de manera habitual. Las caídas, las quemaduras, la asfixia y la electrocución son el tipo de accidentes más frecuentes en personas de la tercera edad.

Tomando en cuenta la importancia de implementar programas integrales que permitan garantizar la salud y buena calidad de vida de quienes se encuentran en esta etapa de vida, dedicaremos algunas publicaciones en el blog de Lumina Senior Care a hablar de los accidentes más comunes, sus factores de riesgo y medidas de prevención, así como de algunas recomendaciones para su tratamiento. En esta ocasión empezaremos por las caídas.

Las caídas en adultos mayores son producidas en general por la pérdida de movilidad y control motor que acompaña al envejecimiento, la demencia y la incontinencia. Si bien tal y como ocurre con personas de cualquier edad, los adultos mayores son propensos a sufrir caídas en la calle; se estima que más del 60% de este tipo de accidentes ocurren en casa, que alrededor del 30% de las caídas se presentan en sitios públicos y que el 10% restante llegan a ocurrir en instituciones de salud al recibir algún servicio. En espacios públicos e instituciones de salud, por reglamento existen algunos elementos de seguridad que pueden contribuir a evitar caídas, como es la presencia de rampas y agarraderas, pero en el hogar, lugar donde se dan con más frecuencia y sitio en el que el adulto mayor usualmente pasa la mayor parte de su tiempo, es poco común que se instalen elementos de seguridad para prevenir caídas.

Para entender mejor por qué resulta fundamental prevenir las caídas se tiene que tener en cuenta que con el paso del tiempo la capacidad de recuperación del cuerpo ante lesiones es más lenta, existe pérdida de fuerza, equilibrio, movilidad y si además se presentan otros padecimientos o se usan determinados fármacos existen aún mayores riesgos de caídas que pueden, además de ocasionar una discapacidad que afecte la salud física y psicológica del anciano, pueden ocasionar su muerte cuando generan lesiones en áreas muy específicas del cuerpo.

Las caídas, por lo regular ocasionan traumatismos de severidad considerable que no son fatales y que requieren de atención hospitalaria, pero también ocasionan traumas en la médula espinal y en el cerebro, que derivan en problemas más complejos que incluso tienen como consecuencia el deceso de la persona afectada. En general, las lesiones implican pérdida de confianza y depresión a causa de la disminución de la independencia y las restricciones para realizar las actividades cotidianas de manera normal, lo que a mediano plazo repercute negativamente en el estado de salud general del adulto mayor.

El tipo de lesión más frecuente generado por una caída son las fracturas en la mano, el tobillo, el muslo, el antebrazo, la cadera y la columna vertebral, además puede provocar esguinces, dislocaciones y desgarros, traumatismos que ocasionan dolor intenso y representan riesgos de infecciones y complicaciones con tratamientos quirúrgicos, así como discapacidad temporal por tiempo indefinido o permanente. Todo esto, como ya mencionamos, además de tener repercusiones a nivel físico, afectan la psique del adulto mayor, y es la razón principal por la que en asilos de ancianos, además de implementar medidas de seguridad para prevenir accidentes, se ofrece una atención integral por parte de profesionales de la salud especializados en la atención de este grupo de población.

El primer paso para establecer un programa de seguridad es identificar los factores de riesgo. En adultos mayores el envejecimiento representa el factor de riesgo principal, ya que ocasiona cambios en sus funciones fisiológicas, como alteraciones en el control de su postura y problemas de marcha, disminución de flexibilidad y fuerza. Además las respuestas motoras y los tiempos de reacción de reflejos se vuelve más lenta, existen problemas de visión como disminución de agudeza visual, de la profundidad y objetos de movimiento, dificultades para estabilizar la cabeza en relación con los cambios de postura y alteraciones en cómo percibe su propio cuerpo, lo que afecta a su vez los procesos para llegar al equilibrio postural.

Estos factores de riesgo se catalogan en intrínsecos y extrínsecos, y además existe un tercer grupo correspondiente a las causas precipitantes. En factores intrínsecos se encuentran las alteraciones en la estabilidad y marcha, la neuropatía periférica, la debilidad muscular, la disfunción vestibular, alteraciones visuales, enfermedades, el uso de medicamentos, la demencia, el ortostatismo y la edad avanzada en sí. En factores de riesgo extrínsecos se encuentran los riesgos de los espacios donde transita el adulto, la presencia de obstáculos, el uso de calzado inadecuado y la combinación de diferentes fármacos prescritos. Finalmente en causas precipitantes encontramos los deslizamientos y tropiezos, el accidente cerebrovascular, síncope y mareo. Para implementar medidas de seguridad específicas, conviene evaluar los factores de riesgo a los que se encuentra expuesto el adulto mayor, y a partir de esto diseñar un programa de intervención preventivo.

La prevención de caídas comprende incrementar la seguridad en la residencia de los adultos mayores, pues como ya mencionamos, el hogar es el lugar donde se presentan la mayoría de accidentes. Esto incluye la instalación de pisos antiderrapantes en las zonas de mayor riesgo, como el baño y la cocina, la colocación de barras de seguridad para que se puedan sujetar en caso de que pierdan en equilibrio, la instalación de rampas y otros elementos que permitan reducir la cantidad de obstáculos que se encuentren en su camino y retirar objetos que puedan provocar tropiezos, como tapetes y alfombras donde se pueda presentar el atascamiento de un pie.

El uso de aparatos especiales para apoyo a la marcha también se recomienda a quienes lo necesitan, pero esto debe consultarse con un médico, pues en algunos casos usar andaderas y bastones no es requerido, y si no se hace correctamente lejos de contribuir a prevenir accidentes, puede convertirse en otro factor de riesgo. Otras medidas preventivas incluyen intervenciones de ejercicios físicos para el fortalecimiento corporal y evitar la atrofia muscular, la corrección de defectos de visión y asesoría para optimizar el uso de medicamentos. De igual manera, contar con asistencia de planta, como profesionales en enfermería geriátrica es de gran ayuda en personas que se encuentran en gran riesgo a accidentarse debido a su estado de salud.

En futuras publicaciones en nuestro blog hablaremos de otros tipos de accidentes y medidas para prevenirlos. Les recordamos que los asilos de ancianos de Lumina Senior Care cuentan con todas las medidas de seguridad para la prevención de accidentes y con un grupo de especialistas en atención de personas de la tercera edad para atender, en caso de que se llegaran a presentar, caídas o golpes accidentales. Para conocer a detalle las características de nuestras instalaciones y servicios, no duden en ponerse en contacto con nosotros, con gusto los atenderemos.

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